¿Qué le ocurre a nuestro cuerpo cuando llega el otoño?

El otoño es una estación de cambios importantes: las temperaturas bajan, la humedad aumenta considerablemente, las horas de luz se acortan y la presión atmosférica disminuye.

La transformación de la naturaleza y las variaciones del clima influyen en el adecuado funcionamiento del organismo, que también padece alteraciones que afectan al estado físico y anímico de las personas.

A partir del equinoccio de otoño cada individuo intenta adaptarse como puede a esa cascada de variaciones que se suceden a nivel celular.

Se ralentiza la función metabólica

El metabolismo varía de una persona a otra dependiendo de factores como la genética, el sexo, la edad, la composición corporal, la cantidad de ejercicio que realiza y los cambios de estación.

El funcionamiento del metabolismo humano es complejo y debe tener en cuenta una gran variedad de condicionantes, pero cuando llega el otoño tiende a ralentizarse: las células crecen y se reproducen más lentamente, afectando también a la regeneración de tejidos.

Junto con esta desaceleración se produce también un descenso en la sintetización de proteínas, por lo que se tarda más tiempo en regenerar cabello, uñas, tejidos y huesos.

El organismo necesita en otoño más calorías porque descienden tanto la temperatura ambiental como la corporal. Para mantenerse caliente, el cuerpo necesita ingerir mayores cantidades de alimento.

Cae la energía

El aumento de las lluvias, la progresiva bajada de las temperaturas y la reducción de la luz solar inciden directamente en los niveles de energía.

Al llegar el otoño el cuerpo disminuye la producción de serotonina (hormona de la felicidad) y aumenta la fabricación de melatonina (hormona del sueño). Estas alteraciones hormonales crean un cóctel explosivo que provoca un aumento del cansancio generalizado y el desplome de las ganas de realizar actividades.

Necesidad de más calorías

El organismo necesita en otoño más calorías porque descienden tanto la temperatura ambiental como la corporal así que, para mantenerse caliente, el cuerpo necesita ingerir mayores cantidades de alimento.

La necesidad de aumentar la energía a menudo impulsa a las personas a consumir alimentos con un mayor aporte calórico, como los dulces y sus derivados, por lo que es conveniente recurrir a alimentos ricos en vitamina C y D, como los cítricos y los pescados grasos frescos.

Melatonina

La melatonina es una hormona que ayuda a regular el ciclo del sueño y de la vigilia. Pero el cambio de luz solar al acortarse el día en otoño, las situaciones de estrés y los horarios laborales, o sencillamente la edad, pueden hacer que nuestra producción de melatonina disminuya. Y, por tanto, que el sueño se resienta.

Los comprimidos de Melatonina Nesira le proporcionan a tu organismo ese plus de melatonina que necesita para regular correctamente el ritmo vigilia-sueño.

Crecen las infecciones

Con la llegada del frío, el sistema inmunitario se hace más lento. Según un estudio de la Universidad de Yale, el descenso progresivo de las temperaturas va debilitando la primera línea de defensas de la nariz.

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La consecuencia es evidente: crecen las infecciones respiratorias. Las personas no enferman porque haga más frío, sino porque su sistema inmunitario entra en contacto con más bacterias y virus, especialmente los rinovirus, que son los principales responsables de las enfermedades respiratorias.

Los ambientes cerrados son también grandes aliados para los gérmenes. El aire seco del interior de las casas y la poca ventilación implican un aumento de las alergias, los estornudos y la sequedad.

Además de las afecciones respiratorias, en otoño también aumentan las enfermedades gastrointestinales debido a la proliferación de bacterias.

Se intensifican los desajustes del sueño

El insomnio es un trastorno del sueño que se diagnostica cuando existe dificultad para conciliarlo (quedarse dormido) o para mantenerlo, provocando que las personas se despierten demasiado temprano o no consigan volver a dormirse.

Ambas situaciones pueden ocurrir cuando las temperaturas caen, se acortan las horas de luz y cambian los horarios. Es completamente normal que se necesiten unos días, tal vez incluso una semana, para acostumbrarse a la nueva realidad.

En ocasiones estos desajustes del sueño se acompañan de dolores de cabeza como jaquecas o migrañas, que tienen a desaparecer cuando se desvanece el insomnio.

Desciende la producción de líquido sinovial

El líquido sinovial es un fluido viscoso y transparente que se encuentra en las articulaciones. Su principal función consiste en reducir la fricción entre los cartílagos y otros tejidos en las articulaciones y amortigua el impacto cuando los huesos se mueven.

Cuando las temperaturas bajan, se produce una ligera vasoconstricción (estrechamiento de los vasos sanguíneos) y la circulación de la sangre se torna un poco más lenta.

No es de extrañar que, a medida que avanza el otoño, las extremidades puedan doler un poco más de lo habitual a causa de la mayor rigidez articular y la fricción entre estructuras.

Presencia del Trastorno Afectivo Estacional

Este trastorno va y viene con las estaciones, especialmente en otoño e invierno y se relaciona directamente con las alteraciones emocionales que se producen en esas épocas del año: aumento de la tristeza, poca energía generalizada, dificultad para dormir o cansancio excesivo y deseo constante de comer dulces y otros alimentos ricos en carbohidratos.

Los investigadores también consideran que quienes padecen el Trastorno Afectivo Estacional sufren desequilibrios en la producción de serotonina, hormona que se relaciona directamente con el estado de ánimo.

Esta patología afecta más a las mujeres y a los jóvenes y tiende a desaparecer cuando vuelven a incrementarse las horas de sol.

La llegada del otoño es inevitable, por lo que es conveniente reforzar el sistema inmunitario o asegurar un descanso adecuado. El consejo especializado de un profesional de farmacia de confianza es la mejor opción para afrontar los cambios de esta estación con la máxima tranquilidad.

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