Cómo influye la genética en nuestra salud

Todos somos únicos y diferentes, pues nuestros genes se encargan de que así sea. Esas pequeñas estructuras dentro de las células de nuestro organismo dictan quiénes somos, nuestros rasgos físicos y las funciones del cuerpo. Y estos son, como ya sabemos, una mezcla perfecta que recibimos a partes iguales de nuestro padre y nuestra madre.

La genética, en definitiva, es un mundo complejo que explica, según la National Library of Medicine:

• Por qué los miembros de una familia tienen rasgos en común.

• Por qué algunas enfermedades, como la diabetes o el cáncer, pasan de padres a hijos.

• Por qué es importante conocer el historial médico familiar para poder cuidar de nuestra salud.

Pero… ¿es la genética la única responsable de dictar quiénes y cómo somos? Durante muchos años la comunidad científica estaba convencida de que sí, pero se ha descubierto que esta creencia no es del todo cierta. Si no, ¿cómo es posible que en gemelos idénticos, que comparten el mismo ADN, uno pueda desarrollar ciertas enfermedades y el otro no? ¿Cómo puede ser si ambos son exactamente iguales genéticamente? La respuesta está en la epigenética.

¿Qué es la epigenética?

El ADN, o ácido desoxirribonucleico, contiene la información genética que heredamos de nuestros padres y se encuentra en cada una de las células del cuerpo. Se podría decir que es una especie de manual de instrucciones que le explica a las células cómo tienen que funcionar.

Aunque sean microscópicas e invisibles para el ojo humano, cada una de ellas alberga hasta dos metros lineales de ADN. ¿Cómo es posible? Para que toda esta información quepa en una célula, los genes se envuelven en una proteína llamada histona y forman una estructura compacta muy comprimida. Esto significa que la célula no siempre tiene acceso a los genes que le dicen qué tiene que hacer.

La epigenética es la responsable de comprimir o descomprimir ciertas partes del ADN para que la célula pueda leer la información que le interesa. Cada gen es responsable de activar una determinada proteína. Por lo tanto, cuando es leído se está expresando y dando órdenes a la célula. Y esta lectura puede variar en función del momento, ya que la célula va activando y desactivando genes según lo que necesite y sin, por ello, alterar la información genética de esa persona.

Así que si volvemos al ejemplo de los gemelos, las diferencias entre uno y otro se explican porque, aunque comparten el mismo ADN, en cada individuo se regula o se expresa de una forma diferente según las circunstancias o las necesidades puntuales.

La epigenética es el estudio de los cambios que activan o desactivan los genes y pueden afectar a la forma en la que se expresan en cada momento.

Manel Esteller, director del Programa de Epigenética y Biología del Cáncer del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge y profesor de la Universidad de Barcelona, en una entrevista para la revista de la propia universidad explica que: “El ADN es como un abecedario que tiene que seguir unas reglas para formar palabras y tener sentido. Pues eso sería el epigenoma: la manera en que el abecedario se regula”.

¿Qué es la nutrigenética y la nutrigenómica?

Dentro de los factores externos que pueden influir en la forma en la que se expresan nuestros genes está la alimentación. La genómica nutricional es el área de la ciencia que estudia la relación entre el genoma humano, la nutrición y la salud. A su vez, dentro de esta, encontramos dos ramas: la nutrigenética y la nutrigenómica.

La nutrigenética estudia la forma en la que un cuerpo responde a los distintos nutrientes según su perfil genético. Es decir, explica cómo ciertos alimentos pueden aumentar la probabilidad de una determinada persona de sufrir ciertas enfermedades.

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En cambio, la nutrigenómica es la ciencia que define la relación entre la dieta y la respuesta genética a la misma. Dicho de otro modo: analiza cómo los alimentos que ingerimos pueden afectar a la forma en la que se expresan nuestros genes.

¿Para qué sirve, por tanto, la genómica nutricional?

• Nos permite entender cómo interactúan los genes con los nutrientes.

• Podemos provocar cambios en el metabolismo celular para prevenir, aliviar o mejorar el pronóstico de ciertas enfermedades.

¿Cómo afecta la epigenética a la salud?

Tal y como hemos visto, los genes nos hacen ser cómo somos, pero la epigenética provoca que estos interactúen de forma distinta y se produzcan cambios sobre nuestro cuerpo. Carlos Romá-Mateo, profesor e investigador en la Facultad de Medicina y Odontología de la Universitat de València, explica en una entrevista para Infosalus que “estos efectos, además, pueden quedar fijados en las células a muy largo plazo, aunque de forma reversible, pudiendo volver a un estado anterior si las condiciones vuelven a cambiar”.  

Si nuestro estilo de vida o los hábitos que tenemos no son favorables, pueden afectar a nuestros genes y dar lugar, por ejemplo, a enfermedades. En el caso del cáncer, según Romá-Mateo, es una enfermedad multifactorial en la que influye el estilo de vida, la predisposición genética y causas todavía desconocidas.  

Se sabe, por ejemplo, que una alimentación rica en grasas, el humo de tabaco o el consumo de alcohol provocan estrés oxidativo y que esto afecta directamente a los reguladores epigenéticos.

Por lo tanto, la premisa de llevar una vida saludable con una dieta equilibrada y practicar deporte cobra más sentido que nunca.

¿Podemos combatir el envejecimiento con la epigenética?

Existe una relación entre la epigenética y el envejecimiento. Aunque nuestro ADN no cambia con los años, el epigenoma sí varía. En el caso del cerebro, por ejemplo, se producen importantes cambios desde el nacimiento hasta la adolescencia, se mantiene estable hasta los 60 años y, a partir de ahí, vuelve a cambiar para comenzar su degeneración.

En el caso del envejecimiento prematuro de la piel ocurre lo mismo. Se calcula que el 75% del envejecimiento cutáneo está relacionado con la exposición a factores externos como la radiación solar, el tabaco, la contaminación, la nutrición, el estrés o la falta de sueño.  

Por lo tanto, conociendo los mecanismos que activan el envejecimiento o que, por el contrario, ayudan a reparar la piel, podemos llegar a desarrollar fórmulas que contrarresten el proceso de envejecimiento cutáneo natural.    

Un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford, en un estudio publicado en la revista Nature Communications, afirma haber logrado “restaurar” las células humanas a un momento anterior y eliminar, así, los signos acumulados del envejecimiento. Este descubrimiento permitiría, por ejemplo, tratar enfermedades como la artritis o la atrofia muscular que están estrechamente relacionadas con el envejecimiento.

Aunque cada día se amplían las fronteras del conocimiento gracias a la investigación, la epigenética es una ciencia en una fase todavía incipiente. A estas alturas nadie duda de su potencial; sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer. Lo que sí está claro es que nuestra genética se ve condicionada por causas externas y que está en nuestra mano, hasta cierto punto, cuidar de nuestro cuerpo y de sus funciones.  

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