Cómo reducir el estrés postvacacional

Mar, playa y sol. Montaña, naturaleza y aire fresco. Sea cuál sea el destino escogido, el primer día de vacaciones resulta muy sencillo desconectar.

Las rutinas asociadas al trabajo como el despertador, el traslado a la oficina, el uso de ropa más formal y las relaciones laborales desaparecen de la noche a la mañana, iniciándose un periodo de tranquilidad que permite distanciarse del entorno habitual y recargar las pilas.

Cuando las vacaciones se van acabando, poco a poco aparece en el ambiente una sensación de preocupación, incluso ansiedad, que aumenta a medida que se acerca el primer lunes después de las vacaciones.

En la mente de quien regresa a su jornada laboral se cuece el estrés postvacacional, un conjunto de síntomas que se manifiestan en individuos de cualquier edad cuando se reincorporan al trabajo o a sus obligaciones.

Características del estrés postvacaciona

El síndrome o estrés postvacacional o síndrome de estrés postvacacional se produce siempre cuando finalizan las vacaciones y puede ser más o menos agudo dependiendo del equilibrio emocional de cada persona y el grado de satisfacción con su vida personal y profesional.

Los síntomas físicos y psíquicos de este síndrome pasajero se repiten con frecuencia y una de sus principales características es que suelen darse, si no todos, casi todos al mismo tiempo:

  • Cansancio. Tras una profunda desconexión, retomar las rutinas laborales es, sencillamente, agotador. El cansancio es una reacción natural del cuerpo a la reincorporación, que a menudo la mente interpreta como un esfuerzo enorme. La sensación más habitual es despertase agotado, como si no se hubiera dormido, o peor aún, como si las vacaciones no hubieran existido.
  • Preocupación e inseguridad. Una mente preocupada no piensa bien. A medida que se acerca la reincorporación, vuelven al pensamiento los temas pendientes, como decisiones difíciles o reuniones complejas. La previsión de conflictos laborales futuros, cuando al mismo tiempo se está lejos de la oficina y, por tanto, no se pueden gestionar, genera un círculo vicioso en el que preocupación e inseguridad se alimentan mutuamente.
  • Falta de sueño. Quien padece estrés postvacacional alarga sus días y se acuesta más tarde de lo habitual en detrimento de su descanso. Principalmente porque no quiere que las vacaciones se acaben y llegue “el próximo día”, aquel en el que se inicia el viaje de regreso a casa o el que marca el primer día de trabajo.
  • Irritabilidad y tristeza. Si la persona no se siente a gusto en su trabajo, es posible que estas dos emociones aparezcan como reacción a una frustración personal que no ha sido adecuadamente gestionada.
  • Alteraciones del apetito. Suelen ser muy habituales entre dos días antes y dos días después del regreso al trabajo, aunque terminan en cuanto se recuperan los hábitos de alimentación que existían antes de irse de vacaciones.

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Con plantas adaptógenas. La Rhodiola y el Eleuterococo ayudan a reducir el estrés físico y mental. La Albahaca morada ayuda a resistir el estrés y mantener la vitalidad. El Magnesio y las vitaminas del grupo B ayudan al funcionamiento normal del sistema nervioso.

Estrategias para reincorporarse al trabajo

Levantarse tarde, comer en abundancia, dormir la siesta, disfrutar de la playa o cenar con amigos son costumbres que tienden a desaparecer abruptamente cuando se reanuda el trabajo. Esta realidad puede provocar diferentes niveles de estrés y afectar al rendimiento y la motivación, llegando incluso a impactar negativamente en el bienestar de cada uno.

Existen estrategias que ayudan a que esa reincorporación a la actividad laboral sea escalonada y más llevadera, especialmente para quienes les cueste recuperar el ritmo de sus rutinas y obligaciones.

Regresar a casa unos días antes de que terminen las vacaciones

Los especialistas recomiendan no apurar el regreso hasta la tarde o la noche anterior. Conviene volver de viaje dos o tres días antes de iniciar el trabajo para que el cuerpo pueda habituarse poco a poco a la “nueva vieja realidad”.

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Mentalizarse con antelación, por ejemplo, de lo que ocurrirá la semana siguiente, facilita la toma de decisiones y la organización de la nueva etapa, tan importante para mantener el estrés a raya.

Ir despacio

Los primeros días tras el regreso conviene tomarse la vida con calma.

Una opción recomendable consiste en establecer un diálogo interior y ser comprensivo con uno mismo: “Sé que tengo mucho trabajo y debo tomar decisiones importantes, pero esta primera semana iré despacio porque necesito un tiempo de adaptación para ser completamente productivo”.

El estrés postvacacional se produce siempre cuando finalizan las vacaciones y puede ser más o menos agudo dependiendo del equilibrio emocional de cada persona tenga y el grado de satisfacción con su vida personal y profesional.

Otras estrategias para regresar poco a poco incluyen no agendar reuniones durante la primera semana y planificar qué tareas se completarán en primer lugar y qué obligaciones pueden posponerse para más adelante.

Crear nuevos hábitos saludables

La mayoría de las personas regresan a sus rutinas después de un periodo en el que se han tomado algunas licencias, como dormir menos, comer más y de forma menos sana, consumir más alcohol y realizar menos deporte.

El regreso al trabajo es una excelente ocasión para plantearse pequeños retos, asumibles sin caer en la autoexigencia de tener que llevar una vida saludable excesivamente estricta.

  • Mejorar la alimentación. No es necesario comer perfectamente bien desde el inicio, pero sí es posible introducir pequeños cambios que pueden suponer una revolución positiva para el organismo, como por ejemplo beber más agua o ingerir más piezas de fruta al día.
  • Realizar más moviento físico. Existen diferentes posibilidades: iniciar o retomar la práctica de un deporte, caminar o subir escaleras, realizar estiramientos o practicar yoga. La cuestión es moverse. El ejercicio físico reduce la inflamación del organismo y mantiene a raya los fantasmas emocionales que generan estrés y ansiedad.
  • Dormir las horas suficientes. Poco a poco conviene acostarse antes para descansar mejor y levantarse en buena forma. Dormir bien es esencial para la supervivencia: facilita la regeneración celular, ayuda a mantener un peso saludable y mejora la capacidad intelectual.
  • Mantener una vida social activa. Existe un tiempo para la actividad profesional y otro para el ocio. Los primeros días tras la vuelta a la normalidad conviene buscar espacios de diversión con grupos de amigos para distraerse y no tener la sensación de que en la vida todo es trabajar.

Comenzar un nuevo proyecto

La vuelta de vacaciones es un magnífico momento para valorar la posibilidad de emprender un nuevo proyecto, como realizar un voluntariado, aprender un idioma o apuntarse a una organización para conocer gente con intereses afines.

Regresar a la rutina laboral es más sencillo si se complementa con actividades interesantes que despejen la mente de las cuestiones profesionales diarias.

Terminar las vacaciones genera un estrés lógico que tiende a desaparecer a los pocos días de forma natural. El farmacéutico habitual es la persona de confianza que ofrece los mejores consejos en caso de necesitar una ayuda extra para reiniciar la actividad profesional.

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