Qué es el síndrome de burnout y cómo tratarlo

En una encuesta a 1.000 profesionales en activo, el 77% reconoce experimentar o haber experimentado el síndrome del burnout o síndrome del quemado en su empleo actual. Y el 91% asegura que ese sentimiento de estrés y desgaste afecta a su rendimiento y a la calidad de su trabajo.

Estos datos, recogidos en un estudio, ponen de manifiesto que el síndrome del profesional quemado afecta a una importante cantidad de la población activa.

¿Se sabe lo suficiente sobre esta enfermedad y tenemos la información necesaria para identificarla a tiempo? Veamos en profundidad qué es, qué síntomas presenta y cómo se puede prevenir.

¿Qué es síndrome del burnout?

El burnout o síndrome del quemado es un tipo de estrés crónico vinculado al trabajo. Consiste en un estado de agotamiento y desgaste físico, emocional y mental que aparece como resultado de la presión o la insatisfacción laboral.

Este término fue acuñado por primera vez en 1974 por el médico y psicólogo estadounidense Herbert Freudenberger, autor del libro “Burnout: The High Cost of High Achievement”.

En sus páginas define burnout como “un estado de fatiga o frustración que se produce por la dedicación a una causa, forma de vida o relación que no produce el esperado refuerzo”.

Hemos visto cómo, en los últimos años, este término ha vuelto a resurgir hasta tal punto que, en 2019,

la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció el burnout como una enfermedad. En enero de 2022, la incluyó en la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud Conexos (CIE-11).

De hecho, se habla incluso de que puede haber dos tipos de síndrome del trabajador quemado:

Burnout activo: el profesional es capaz de expresar sus sentimientos, pensamientos o necesidades. Muestra una actitud asertiva y busca soluciones.

Burnout pasivo: manifiesta sentimientos de apatía y mantiene una actitud pesimista y derrotista.

¿Cuál es la diferencia entre el burnout y el estrés laboral?

Es importante aclarar que el estrés laboral y el síndrome del quemado, aunque están relacionados, no son lo mismo. El burnout aparece como una respuesta al estrés laboral sostenido en el tiempo y combinado con otros factores como el ambiente en el entorno de trabajo o la insatisfacción personal. Tampoco producen el mismo tipo de síntomas. Mientras que el estrés suele provocar señales físicos, agotamiento o hiperactividad emocional; el burnout genera falta de implicación, desgaste emocional, cansancio físico y desmotivación.

¿Cómo detectar al trabajador “quemado”?

Diferentes expertos solían relacionar el síndrome del trabajador quemado con profesiones de cara al público como dependientes, médicos o hosteleros. Sin embargo, hoy en día se sabe que puede darse en cualquier tipo de ocupación si hay un mal ambiente laboral o las expectativas del trabajador no se cumplen.

Así que, ¿cómo podemos identificarlo? La OMS explica que se caracteriza por tres dimensiones:

1. Sentimientos de falta de energía o agotamiento

2. Pensamientos negativos con respecto al trabajo.

3. Sensación de ineficacia y falta de realización.

Además de esto, en un cuadro clínico de este tipo podemos identificar otros síntomas como los citados a continuación:

• Sentimiento de fracaso o impotencia.

• Baja autoestima.

• Nerviosismo permanente.

• Problemas para concentrarse.

• Dolor de cabeza.

• Insomnio.

• Bajo rendimiento.

• Aburrimiento.

• Impaciencia e irritabilidad.

• Ansiedad.

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• Pérdida de la memoria.

• Cambios de personalidad.

• Aislamiento.

• Pérdida o ganancia de peso exagerada.

Dependiendo de la medida en la que se presentan estos síntomas se establecen cuatro niveles del síndrome:

Leve: cansancio, pereza por las mañanas y quejas de vez en cuando.

Moderado: aislamiento, negativismo y cansancio acentuado…

Grave: ausentismo, aversión al trabajo, aislamiento y abuso de sustancias.

Extremo: aislamiento muy marcado, colapso y cuadros psiquiátricos.

Las cinco fases hasta llegar a estar quemado

El síndrome del burnout no se presenta de la noche a la mañana, sino que es un problema que se va desarrollando paulatinamente y que, en muchas ocasiones, el trabajador no es consciente de lo que está sufriendo.

Aunque influyen muchos factores en el desarrollo de la enfermedad, los expertos establecen cinco etapas que recoge un informe del Ministerio de Trabajo:

Fase inicial o de entusiasmo: es la etapa en la que el profesional acaba de ocupar su nuevo puesto de trabajo por lo que sus expectativas son positivas y está entusiasmado.

Fase de estancamiento: la persona comienza a sentirse estancada y se da cuenta de que sus esperanzas no se están cumpliendo. Empieza a cuestionarse los esfuerzos invertidos y los beneficios emocionales que recibe. Duda de su capacidad de responder a las exigencias del trabajo e incluso puede notar cierta sensación de derrota. En esta fase pueden aparecer síntomas físicos como dolores de estómago y de cabeza.

Fase de frustración: en esta etapa se puede marcar el comienzo del síndrome. El profesional no encuentra sentido ni propósito a su trabajo. Desciende su motivación mientras que, en paralelo, aumenta su agotamiento emocional y la falta de realización personal. La persona está frustrada, lo que puede provocar que aparezcan más síntomas psicosomáticos.

En este punto, todavía se podría encauzar la situación si la empresa es capaz de identificar las señales y reconducir al profesional de nuevo hacia la fase de entusiasmo.

Fase de apatía: es la fase central de síndrome del burnout en la que profesional comienza a distanciarse de lo laboral, disminuye su ritmo de trabajo y se agudiza su falta de interés por el mismo. También es habitual que se muestre más frío como recurso para afrontar sus sentimientos de agotamiento y falta de realización.

Cuando la apatía lo invade todo se producen alteraciones emocionales, físicas y conductuales que se manifiestan en forma de irritabilidad, pérdida de apetito, insomnio, cambios de humor…

Fase de quemado: en esta última etapa, la persona experimenta un colapso emocional que tiene repercusiones directas sobre su salud, el trabajo y sus relaciones personales. Los sentimientos que experimenta pueden llevarle a dejar su puesto de trabajo, solicitar un traslado, etc.

¿Cómo se puede prevenir y tratar el burnout?

Puesto que el síndrome del burnout se desarrolla durante un largo periodo de tiempo, lo más importante para prevenirlo es identificar las señales lo antes posible. Si se detecta durante las etapas iniciales es posible revertir la situación:

• Estableciendo límites claros con el trabajo y tratando de mantener una relación sana con el mismo.

• Adoptando hábitos saludables como hacer ejercicio, llevar una alimentación saludable, descansar lo suficiente, etc.

• Aplicando estrategias de reducción de estrés como meditar, hacer yoga o pasear por el campo. ◦ Manteniendo una comunicación abierta con la empresa para poder expresar las preocupaciones o aspiraciones dentro del trabajo.

• Aceptando apoyo social por parte de familia, amigos o compañeros ya que pueden ser clave a la hora de hacer frente a los problemas o situaciones complicadas.

Beatriz Quintanilla, en su libro “¡No aguanto más! Prevenir el burnout y promover el engagement” citado en un artículo en Forbes, explica largo y tendido cómo evitar sentirse quemado.

Si, en cambio, la persona ha estado expuesta a altos niveles de estrés de forma prolongada es probable que necesite cambiar de trabajo y recibir un acompañamiento psicológico. Tiene que ser un profesional el que determine el diagnóstico y establezca las pautas para la recuperación. La terapia es muy útil a la hora de identificar las fuentes del estrés y aprender herramientas para mejorarlas o evitarlas.

Aún así, hay que tener en cuenta que para recuperarse física y emocionalmente de esta enfermedad se requiere tiempo, cuidarse mucho y apoyarse en familiares, amigos e, incluso, compañeros de trabajo. Pero con ayuda y paciencia, la total superación total del síndrome del burnout es posible.

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